Pensaba pegarlo acá, pero es medio largo para ponerlo. Pero por favor, si tienen algo de tiempo pásense por acá y léanlo.
Es un cuento que te vuela la mente, el giro que le da a la historia sólo en las 2 frases finales es un ejemplo de la genialidad de Asimov. No quiero hablar de más porque sé por experiencia que voy a terminar cagándoles el final (perdón Gastón, leelo igual). Si se quedan con ganas de más de este excelente escritor, después posteo algún cuento corto que entre.
Por las dudas les dejo el link de nuevo, no sean pajeros y léanlo!
LA ULTIMA PREGUNTA - ISAAC ASIMOV
miércoles, 11 de junio de 2008
La Última Pregunta - Isaac Asimov
jueves, 5 de junio de 2008
Reflexión de Ayn Rand
A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. No obstante, se nos ha enseñado a admirar al parásito que distribuye como regalos lo que no ha producido. Elogiamos un acto de caridad. Nos encogemos de hombros ante un acto de realización.
Se nos ha enseñado que la primera preocupación debe consistir en aliviar el sufrimiento de los demás. Pero el sufrimiento es una enfermedad. Si uno se la encuentra, intenta dar consuelo y asistencia. Hacer de eso el más alto testimonio de virtud es considerar al sufrimiento como lo más importante de la vida. Entonces el hombre debe desear ver sufrir a los demás para poder ser virtuoso. Tal es la naturaleza del altruismo. El creador no tiene interés en la enfermedad, sino en la vida. Sin embargo, la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.
Se nos ha enseñado que es una virtud estar de acuerdo con los otros. Mas el creador es alguien que disiente. Se nos ha enseñado que es una virtud nadar con la corriente. Pero el creador nada contra la corriente. Se nos ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador está solo.
Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego.
En esto la reversión de los valores básicos es más mortífera. Toda virtud ha sido pervertida y al hombre no se le ha dejado libertad alguna. Como polos del bien y del mal, se le ofrecieron dos concepciones: altruismo y egoísmo. El altruismo se define como el sacrificio del yo por los otros. El egoísmo, como el sacrificio de los otros por el yo..... Esto ató al hombre irrevocablemente a otros hombres y no le dejó más que una elección de dolor: su propio dolor en aras del bien de los demás, o el dolor de los demás en aras de su propio bien. Cuando se agregó la monstruosa idea de que el hombre debe encontrar felicidad en el sacrificio, la trampa quedó sellada. El hombre se vio forzado a aceptar el masoquismo como su ideal, con el sadismo como alternativa. Este es el fraude más terrible que se ha perpetrado en contra de la humanidad.
Este es el sacrificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se perpetuaron como los fundamentos de la vida.
No se trata de elegir entre el auto sacrificio y dominación, sino entre independencia y dependencia. El código del creador o el código del parásito. Esta es la cuestión básica, cuestión que descansa sobre la opción de la vida o la muerte. El código del creador está construido sobre las necesidades de la mente que razona y que permite al hombre sobrevivir. El código del parásito está construido sobre las necesidades de una mente incapaz de sobrevivir. Todo lo que procede del ego independiente es bueno. Todo lo que procede del parásito dependiente es malo.
El verdadero egoísta no es quien sacrifica a los demás. Es el que no tiene necesidad de usar a los demás de ninguna forma. No obra por medio de ellos. No está interesado en ellos en ningún aspecto fundamental. Ni en su objeto, ni es su móvil, ni en su pensamiento, ni en su deseo, ni en la fuente de su energía. El verdadero egoísta no vive para ninguna otra persona y no le pide a nadie que viva para él. Esta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos.
Los grados de capacidad varían, pero el principio básico es siempre el mismo: la medida de la independencia de alguien, su iniciativa y su amor por su trabajo determinan su talento y su valor. La independencia es la regla para evaluar la virtud y el valor humano. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia.
Ningún trabajo se hace colectivamente por la decisión de una mayoría. Todo trabajo creativo se realiza bajo la guía de un único pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no les pide que sometan a votación su diseño. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función respectiva. Un arquitecto emplea acero, cristal y cemento que otros han producido. Pero esos materiales siguen siendo sólo acero, cristal y cemento hasta que él los utiliza. Lo que él hace con ellos es su producto y su propiedad como individuo. Esta es la única forma de cooperación entre los hombres.
El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. Su obligación moral es hacer lo que él desee, siempre que su deseo no dependa primordialmente de los demás. Esto incluye las acciones del creador, el pensador y el verdadero trabajador. Pero no incluye las del gángster, el altruista y el dictador.
Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia. Corresponden a la jurisdicción del parásito.
Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen, enteramente, a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social o el bandido. La forma de dependencia carece de importancia.
Pero se nos ha enseñado a considerar a los parásitos, tiranos, emperadores y dictadores, como los exponentes del egoísmo. Mediante este fraude fuimos obligados a destruir al ego, a nosotros mismos y a los demás. El propósito del fraude fue destruir a los creadores, o someterlos, que es lo mismo.
Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el parásito. Cuando el antiguo creador inventó la rueda, el antiguo parásito respondió inventando el altruismo.
El creador, negado, combatido, perseguido, explotado, continuó, siguió adelante y guió a toda la humanidad con su energía. El parásito no contribuyó en nada, más allá de los obstáculos. La contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.
El bien común de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres. Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas. ¿Acaso alguna vez algún acto de generosidad altruista ha igualado a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo? ¿El defecto reside en la hipocresía humana, o en la naturaleza del principio
Los carniceros más temibles han sido los más sinceros. Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la guillotina y el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestionó su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito altruista. Se aceptó que el hombre debe ser sacrificado por otros hombres. Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que empieza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre.
Continúa y continuará mientras los hombres crean que una acción es buena si no es egoísta. Eso permite que el altruista actúe y obliga a su víctima a soportarlo. Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos pero miren los resultados.
El único bien que los hombres pueden darse recíprocamente y la única declaración de su correcta relación es: ¡Déjenme en paz!"
martes, 27 de mayo de 2008
Pink Floyd - Keep Talking
There's a silence surrounding me
I can't seem to think straight
I'll sit in the corner
No one can bother me
I think I should speak now (why won't you talk to me?)
But I can't seem to speak now (you never talk to me)
My words won't come out right (what are you thinking?)
I feel like I'm drowning (What are you feeling?)
I'm feeling weak now (why won't you talk to me?)
But I can't show my weakness (you never talk to me)
I sometimes wonder (what are you thinking?)
Where do we go from here (what are you feeling?)
It doesn't have to be like this
All we need to do is make sure we keep talking
sábado, 26 de abril de 2008
Imaginación
–Eso es lo que te hago creer yo –respondió Adriel–. Lo hago para que descubras a Dios por vos mismo, y de esa manera encuentres la felicidad.
–Siempre salís con la misma boludez.
–Eso te lo obligo a decir yo. Si soy Dios, entonces todo tiene que ser producto de mi imaginación, salvo yo. O sea, si yo intento borrar de mi imaginación algo, ese algo deja de existir.
–Bueno, a ver, demostralo –intervino Guido.
–Dios no tiene por qué obedecer a un simple mortal como vos. Igual, te voy a hacer una pequeña demostración.
Adriel cerró sus ojos y concentró todo su poder en olvidar de su imaginación las estrellas. No existen más… Sintió el poder saliendo de su mente y borrando las estrellas.
–Listo. No hay más estrellas. Conforme?
–Pero si es de día, como mierda voy a saber si hay estrellas o no. –contestó Gastón.
–Bue, que otra cosa querés que borre? Ya sé.
Esta vez se concentró en eliminar la escalera que conducía al salón de taller conocido como “Tirapelli’s House”. “Es sólo producto de mi imaginación… No está ahí”.
–Ves? No hay escalera para llegar al salón de arriba. Eso te prueba mi poder?
–Ehh Adriel, nunca hubo escalera! Siempre subimos por la escalera del fondo, acá nunca hubo. Ahora sos un Dios desmemoriado?
–Eso te hago pensar yo. Bueno, querés otra prueba?
–Ya está, cuantas oportunidades querés. Perdiste, no sos Dios. Aparte yo no creo en vos, soy budista.
En ese momento Adriel puso la mente en blanco. No podía imaginar ningún objeto o pensamiento…
Abrió los ojos, y se encontró con una negrura infinita. Vacío, y nada más. ¿Había borrado el universo inconscientemente?
Gastón miró con sorpresa el punto en donde se encontraba Adriel instantes atrás. No había nada. Se dio vuelta y le preguntó a Guido:
–Dónde se metió Adriel??
–¿Adriel? ¿Quién es ese?
Gastón, levemente desconcertado, respondió:
–Uh, no sé. Se me ocurrió recién que conocíamos a alguien que se llamaba así. Debió ser producto de mi imaginación.
Al cabo de un rato, él también había eliminado cualquier recuerdo de ese tal Adriel.
Imaginación, by Adriel® todos los derechos reservados.
miércoles, 16 de abril de 2008
Qué sería el Azar puro?
Pongamos un ejemplo para simplificar: Lanzamos una moneda al aire y observamos de qué lado cae. En un principio, nos parecerá que el lado del que caiga debería ser completamente aleatorio, es decir, un hecho de Azar Puro. Sin embargo, estudiando a fondo las condiciones de la moneda, la fuerza y dirección con la que fue lanzada, la fricción con el aire, etc, podremos determinar que no es un hecho aleatorio, ya que depende pura y exclusivamente de otros hechos y causas. Por lo tanto, es un hecho posible de predecir, lo que contradice la definición de Azar Puro (un hecho completamente impredecible y no sujeto a ningún otro hecho).
Ahora, ¿En qué casos se puede dar este azar puro? La mecánica cuántica al parecer descubrió un caso de Azar Puro: el momento en que un átomo radiactivo emite radiación es un hecho al parecer completamente aleatorio y no determinado por ninguna otra causa. Esto no prueba que exista el azar puro, quizás no podemos determinar ninguna causa por ahora pero en un futuro se descubra dicha causa.
domingo, 13 de abril de 2008
Stairway to Heaven - Led Zeppelin
La dama del aire brilla
He visto a esa doncella
Y tú me dices: Voy a hacer una escalera al cielo...
Me dices: Oh sí, voy a hacer una escalera al cielo...
Veo que me estás tomando por PELOTUDO.
¿Cómo MIERDA vas a hacer... una escalera al cielo?
La haré de agua y de sol, con peldaños de sueño.
Ya hablé con 2 albañiles paraguayos y les pedí el presupuesto.
Oh sí, voy a hacer una escalera al cielo.
sábado, 12 de abril de 2008
Teoría del Azar
La pregunta es, ¿Tenemos o tendremos la posibilidad de demostrar inequívocamente la presencia o no del azar?
Parte 1 de Teoría del Azar, by Adriel® todos los derechos reservados.
sábado, 5 de abril de 2008
Selección... ¿Natural?
Teniendo la posibilidad de mejorar la especie humana, hacerla más resistente a enfermedades, mejorar sus características (inteligencia, fuerza, agilidad), ¿debemos hacerlo? ¿O es más ético dejárselo decidir al azar?
En el pasado, la respuesta hubiese sido simple. La naturaleza selecciona por sí misma a los más aptos, quien sobrevive y tiene más descendencia reparte sus genes entre sus vástagos, y luego de una determinada cantidad de tiempo, las mutaciones aleatorias que mejor se adapten al medio serán las que sobrevivan.
Ahora, en las sociedades humanas ya no existe la selección natural. Quien tiene mayor descendencia muchas veces no es el que tiene alguna ventaja en sus genes, sino alguien que no tiene planificación familiar o no posee educación ni previsión. Si ya modificamos el proceso de selección natural, debemos dejar la evolución de la especie al azar? Si se puede evitar una enfermedad genética en un nuevo ser, debemos obligarlo a sufrirla sólo para asegurar la diversidad genética? Eso es como decir que no hay que curar a un enfermo porque una sociedad completamente sana perdería diversidad.
Ahora, el otro extremo. La selección artificial llevada al extremo. El caso distópico de "Un mundo feliz", en el que la raza humana está dividida en castas (humanos alfa y beta para el pensamiento, gamma, delta y epsilon para las tareas físicas). O una raza de híbridos, humanos con genes animales para mejorar ciertas características. O peor aún, una única variedad genética, toda la humanidad con los mismos genes. Todos gemelos. Es ético permitir esto?
En conclusión, no se debe impedir la investigación, y no creo que debamos impedir una mejoría en la calidad de vida de las futuras generaciones eliminando las enfermedades genéticas. Ahora, una vez que se eliminen las enfermedades genéticas, quedamos sólo a un paso de permitir la eliminación de características (como ser bajo, gordo, tener ojos o piel de un color determinado) por motivos estéticos o raciales, que a mi entender, no deben ser permitidos jamás.
lunes, 24 de marzo de 2008
Indiferencia
"...Si pudiera volver del pasado, o del futuro, a este tiempo, probablemente me pegaría y me gritaría: REACCIONA DE UNA VEZ!"
martes, 18 de marzo de 2008
Limitación - Segunda Parte
También se viene el libro de filosofía. Con aportes desinteresados (es decir, con robo descarado de material confidencial) de una colaboradora experta en el tema. La fecha de publicación? van a tener que esperar a que invente la máquina para viajar en el tiempo, vuelva y lo publique bajo un seudónimo.
PD: Igual te voy a dar las regalías del libro, no te preocupes.
lunes, 25 de febrero de 2008
Limitación - Primera parte
Dos años atrás, un grupo de científicos de la Universidad Mundial habían formulado las bases de lo que sería la mecánica hiperespacial. Mediante una serie de complicados cálculos matemáticos, lograron probar que era posible viajar a una velocidad más rápida que la luz, y no sólo posible sino también seguro para el hombre. Esto se podía lograr mediante el hiperespacio, en el que la materia se convertía en ondas electromagnéticas, y luego era reconvertida en materia para ingresar en el espacio común.
En esos dos años, una revolución tecnológica sacudió al mundo entero, y en menos de un año ya se había presentado el primer proyecto de magnitudes gigantescas: una nave tripulada por 10 personas con motor hiperespacial viajaría a 80 millones de años luz, a una lejana galaxia llamada Cygnus.
Durante ese año, las 10 personas cuidadosamente seleccionadas para un proyecto de tal magnitud fueron las más afortunadas de la historia. Sus nombres no serían olvidados jamás, iniciarían la nueva Era Espacial y se convertirían en los primeros colonizadores del universo. Por supuesto, recibieron un estricto entrenamiento físico y psicológico para prepararlos contra cualquier peligro que pudiesen encontrar. Pero ningún control o entrenamiento, por más estricto que fuera, podría sacarles de su interior el sentimiento de inmensa satisfacción al saber que serían los portavoces de la Humanidad ante cualquier inteligencia que pudiesen encontrar.
Finalmente, el día tan ansiado había llegado. Ese día, el 1 de enero del año 0 de la Era Espacial, comenzaría la Edad de Oro del género humano. Los 10 tripulantes se encontraban dentro de la nave, que despegaría mediante combustible fósil del planeta y una vez en el espacio utilizaría el motor hiperespacial para dar un salto a través del espacio-tiempo. Aunque la totalidad del viaje sería controlada por una computadora y según la teoría no sentirían nada al dar el salto, la ansiedad de los diez hombres y mujeres era indescriptible.
Pese a que ninguna persona intervendría en el proceso, la cuenta regresiva se realizó normalmente. Los corazones de los 10 mil millones de habitantes latían al compás de los números. Cinco, cuatro, tres, dos, uno… El mundo parecía congelado en el momento en que cuatro poderosas llamas salían expulsadas hacia abajo y la nave comenzaba a ascender. Luego, el planeta estalló de alegría al ver cómo la nave ascendía por el cielo frío, sin una nube, de la Patagonia.
Alegría que rápidamente fue transformada en pánico y terror mientras la nave, sin causa aparente, explotaba en mil pedazos, y trozos de metal fundido llovían sobre la base espacial…
miércoles, 20 de febrero de 2008
Conducto C - Isaac Asimov
“—No se ofenda, pero parece una persona desprovista de toda emoción.
—¿De veras? —La voz de Mullen no se alteró, se mantuvo en el mismo tono bajo y preciso, pero algo tensa—. Eso es sólo entrenamiento y autodisciplina, Stuart, no es natural. Un hombre menudo no puede tener emociones respetables. ¿Hay algo más ridículo que un hombrecillo como yo embargado por la furia? Mido un poco más de uno cincuenta y peso cincuenta y cinco kilos.
»¿Puedo ser engreído? ¿Soberbio? ¿Erguirme cuan alto soy sin provocar hilaridad? ¿Dónde hallar una mujer que no me desdeñe al instante con una risita? Naturalmente, tuve que aprender a despojarme de toda manifestación externa de emoción.
»Habla usted de deformidades. Nadie repararía en sus manos ni sabría que son diferentes si usted no se empeñara en hablar de ellas en cuanto conoce a la gente. ¿Cree que los veinte centímetros de altura que me faltan se pueden ocultar? ¿No es lo primero y en la mayoría de los casos lo único de mí que notará una persona?
Stuart se sentía avergonzado. Había invadido una intimidad en la que no le correspondía inmiscuirse.
—Lo lamento.
—¿Por qué?
—No debí obligarle a hablar de esto. Debí haber visto por mí mismo que usted..., que usted...
—¿Que yo qué? ¿Que trataba de demostrar algo? ¿Que trataba de demostrar que mi cuerpo menudo escondía un corazón de gigante?
—Yo no lo habría expresado con tono burlón.
—¿Por qué no? Es una idea necia y no fue el motivo por el que hice lo que hice. ¿Qué hubiera logrado con eso? ¿Acaso ahora me llevarán a la Tierra, me plantarán ante las cámaras de televisión (bajándolas, por supuesto, para enfocarme el rostro, o poniéndome de pie en una silla) y me prenderán medallas en el pecho?
—Es muy probable que lo hagan.
—¿Y de qué me servirá? Dirán: «Vaya, y eso que es un enano.» Y después ¿qué? ¿Le diré a cada persona que conozca que soy ese fulano al que condecoraron el mes pasado por su increíble valor? ¿Cuántas medallas cree usted que se necesitan, señor Stuart, para sumarme veinte centímetros, y por lo menos, veinticinco kilos más?
—Dicho así, comprendo a qué se refiere.
Mullen estaba hablando ya más deprisa, con un acaloramiento controlado que saturaba sus palabras, llevándolas a la temperatura ambiente.
—Había días en que pensaba que ya les demostraría algo a ellos, a ese misterioso «ellos» que incluye a todo el mundo. Abandonaría la Tierra y conquistaría otros mundos. Sería un nuevo y más bajito aún Napoleón. Así que dejé la Tierra y me fui a Arcturus. ¿Y qué podía hacer en Arcturus que no hubiera hecho en la Tierra? Nada. Llevo libros contables. De modo que he superado esa vanidad, señor Stuart, de tratar de erguirme de puntillas.”