Con influencias tan variadas como el jazz, la música clásica, el rock pesado, experimental y psicodélico, King Crimson es una banda pionera del rock progresivo. Su primer disco, In The Court Of The Crimson King, de 1969, es considerado el primer álbum de rock progresivo de la historia. Formado inicialmente por el guitarrista Robert Fripp, el bajista y cantante Greg Lake (que posteriormente formaría el trío progresivo Emerson, Lake and Palmer), el baterista Michael Giles, el multi-instrumentista Ian McDonald y Peter Sinfield, quien escribiría las letras.
In The Court Of The Crimson King
Canciones:
1. 21st Century Schizoid Man (7:20)
2. I Talk To The Wind (6:05)
3. Epitaph (8:47)
a) March For No Reason
b) Tomorrow And Tomorrow
4. Moonchild (12:11)
a) The dream
b) The illusion
5. The Court Of The Crimson King (9:22)
a) The Return Of The Fire Witch
b) The Dance Of The Puppets
Tiempo Total: 43:45
Integrantes:
- Robert Fripp / guitarra
- Greg Lake / bajo, vocales
- Ian McDonald / teclado, melotrón, vocales
- Michael Giles / batería, percusión, vocales
- Peter Sinfield / letras
lunes, 18 de agosto de 2008
In The Court Of The Crimson King - King Crimson
jueves, 10 de julio de 2008
Individualidad
El miedo a ser nosotros mismos, a ser una personalidad individual, única, distinta a todos, a tener que tomar nuestras propias decisiones, con el riesgo de tomar el camino equivocado, hace que rechacemos la individualidad, que nos unamos a un grupo social o tribu, perdiendo cualquier característica que nos distinga, pasando a formar parte de una masa de clones.
¿Te cuesta ser vos mismo? ¿Te falta carácter para formar o mantener tus propios principios y tu propia identidad, sin importarte la presión de la sociedad? No importa, ya tenés la solución! Unite a una tribu social, y te viene un pack de personalidad ya formado, exactamente igual al de todos los otros! Tenés una amplia variedad para elegir: emos, punks, comunistas, neonazis, darks, floggers, cumbieros, reggetoneros, hippies, glams, metaleros, rolingas, y muchos más. Una etiqueta que resume tu música, tu moda, tu actitud, tu ideología, tus pensamientos. Ya no tenés que gastarte en pensar las cosas vos mismo, ponete una etiqueta y comprás un molde prefabricado de personalidad. Ahora ya podés seguir a las masas sin que se burlen de vos, es más, ahora podés burlarte de algún otro inadaptado, putearlo y hasta pegarle, y sentirte por un instante alguien importante, idolatrado por los demás.
Pero tenés que cuidarte, no se te ocurra NUNCA ir en contra del grupo! Si la máxima del grupo es no estudiar, no esforzarse, no trabajar, pelearse con el otro porque se viste distinto o escucha otra cosa o “piensa” distinto a vos, destruir el sistema opresor, no respetar las leyes ni tener valores morales… Si es así, NI SE TE OCURRA poner por encima del grupo tus principios. Las consecuencias pueden ser terribles. Te van a expulsar del grupo, y vas a quedar solo.
Y ese es tu mayor temor, la soledad, porque cuando estabas nadando con la corriente no tenías que tomar decisiones, te guiabas por lo que hacían los demás… Pero en la soledad volvés a ser un individuo, tenés que tomar decisiones y pensar por vos mismo, y te exponés al fracaso. Pero al menos si fracasás, fracasaste VOS. Como individuo. Tenés el mérito de haberlo intentado, y probablemente, la fortaleza de levantarte y volver a intentarlo. Con TUS pensamientos, con TU creatividad, con TU forma de ser y con TUS principios.
Tenés el mérito de estar viviendo tu propia vida.
martes, 8 de julio de 2008
Terapia de Autoanálisis
Esta práctica, ideada originalmente por el renombrado maestro del psicoanálisis Sir Von Gastón, permite eliminar, ordenar, limpiar, estandarizar y disciplinar la mente, involucrando a todo el personal mental. Es una especie de Kaizen o 5 "S".
En realidad el método consiste en escribir cualquier cosa que salga de su masa encefálica, plasmarla en papel, Word trucho o Bloc de notas. Ya sean sentimientos, ideas, reflexiones o pelotudeces (que termina siendo lo que surge principalmente), este aclamado tratamiento permite al paciente -ya sea un potencial psicópata, un coprofílico amante del beso negro o un uro-necro-pedo-zoofílico (aquel que siente placer al beber orina de animales menores de edad muertos)- descargar tensiones internas y ser más inofensivo que babosa en montaña de sal.
¿Cómo MIERDA se logra esto? Se preguntará usted, mientras se rasca la nariz con el dedo anular, la oreja con el índice y el culo con el meñique. Bien, a continuación se darán consejos, y un ejemplo práctico para demostrar las asombrosas conclusiones a las que se puede llegar.
Para empezar, se debe plantear una palabra o frase, y preguntarse el porqué de la misma. Bueno, vayamos al grano. No al grano literalmente, en este momento no me aquejan problemas de picazón.
Primero, digo cualquier palabra que se me ocurra.
Caca.
Ahora, planteemos la pregunta.
¿Por qué se me ocurrió caca?
Puede ser por varios motivos.
1)Tuve un dia de mierda.
2)Me quedó grabada a fuego en la mente la imagen del coprofílico.
3)Soy un degenerado.
Por ahora, excluiremos las opciones 1 y 2, que serán explayadas en otra ocasión. Basándonos en la opción 3, planteemos otra pregunta:
¿Por qué me parece que soy un degenerado?
La degeneración puede estar referida a distintas cosas. El material genético de las células que forman mi cuerpo se va degenerando hasta que éstas mueren. Por lo tanto, yo podría considerarme degenerado, ya que estoy formado por estas células.
También puede referirse a una degeneración de mis valores éticos y morales. Esto significa que en un pasado, mis valores morales eran superiores a lo que son ahora, y han ido degenerando con el tiempo. Por lo tanto, una conclusión a la que se puede llegar es que cuando nacemos, poseemos una gran cantidad de valores éticos y morales, y éstos se van perdiendo con el tiempo, hasta quedar convertido en lo que se llama comúnmente “viejo degenerado” o "viejo verde".
En conclusión, me estoy convirtiendo en un viejo verde. Al menos me voy a poder afiliar al partido ecologista, liderado en conjunto por Guido y el Hombre Árbol.
lunes, 30 de junio de 2008
Never Let Go - Camel
Otro gran tecladista, Peter Bardens, en una gran banda del rock progresivo, Camel.
Camel es una banda británica formada en 1971. Pertenece al género musical del rock progresivo.
Considerada como una de las mejores bandas surgidas de la escena progresiva de la década de 1970, Camel experimentó con elementos propios del jazz, la música clásica, el blues e incluso la música electrónica, para crear álbumes de notable creatividad y precisión técnica.
Asociada por la crítica musical al movimiento o sub-género "Escena Canterbury" junto con Caravan y otros grupos.
Ésta canción puede encontrarse en el primer disco de la banda, titulado "Camel". A continuación, información sobre ese disco:
"Camel", 1973
Canciones:
1. Slow Yourself Down (4:45)
2. Mystic Queen (5:40)
3. Six Ate (6:05)
4. Separation (3:57)
5. Never Let Go (6:22)
6. Curiosity (5:56)
7. Arubaluba (6:29)
Tiempo total: 39:14 minutos
Músicos:
- Andy Ward / batería, percusión
- Doug Ferguson / bajo, vocales (pista 2 y 6)
- Peter Bardens / teclados, vocales (pista 5)
- Andy Latimer / guitarra, vocales (pista 1 y 4)
viernes, 27 de junio de 2008
Quién sos?
Situación hipotética:
"Persona pelotuda" (soyunapersonapelotuda@hotmail.com) te ha agregado a su msn. ¿Deseas aceptarlo en tu lista de contactos?.
Click en Aceptar.
Persona pelotuda ha iniciado sesión.
Persona pelotuda dice: wenazz
Yo dice: Hola.
Persona pelotuda dice: komo stazz?
Yo dice: Sentado.
Persona pelotuda dice: jejejejeje (con letras saltarinas que tardan 10 min en cargar)
Persona pelotuda dice: K kontazz??
Yo dice: Cuentos. De ciencia ficción.
Persona pelotuda dice: jejejejeje
Persona pelotuda te ha enviado un zumbido.
Persona pelotuda dice: kien sos¿¿¿
Y aquí es cuando "Persona pelotuda" me pone ante un gran dilema. No sólo porque yo debería ser quien preguntase eso, ya que ella me agregó a mí y no al revés.
También debido a que la pregunta "¿Quién sos?" es una pregunta sin respuesta. No podés explicar en pocas frases toda una vida de experiencias que van formando tu identidad como individuo. Puedo decir: soy Adriel. ¿Qué estoy diciendo con eso? Un nombre. A lo sumo podés resumir tu aspecto físico y partes de tu personalidad, pero probablemente ni en toda la vida uno puede llegar a saber quién es. Quizás sería como un objetivo inalcanzable, y la búsqueda de ese objetivo es un objetivo en sí mismo.
O sea, cuando vos te proponés un objetivo muchas veces lo que te da más felicidad no es llegar al objetivo sino el camino por el cual lo intentaste lograr. Una vez que llegás al objetivo, te puede dar satisfacción, pero tenés que plantearte otros objetivos nuevos, intentar superarte aún más. Si no se tuviesen objetivos, no tendría sentido seguir viviendo. Quizás el saber quién sos podría ser el objetivo inalcanzable que le da sentido a tu existencia.
O quizás no hay que buscarle la quinta pata al gato, el pelo al huevo, o el plasma 52" a un indigente, y dejar de buscar sentidos ocultos en donde no los hay.
miércoles, 25 de junio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
Juancito - Biografía no autorizada
JUANCITO HA ASUMIDO EL CONTROL.
jueves, 12 de junio de 2008
Exilio en el Infierno - Isaac Asimov
—Los rusos —puntualizó Dowling— enviaban prisioneros a Siberia mucho antes que el viaje espacial fuera algo cotidiano. Los franceses usaban la Isla del Diablo con ese propósito. Los ingleses los despachaban a Australia.
Estudió el tablero y detuvo la mano a unos centímetros del alfil.
Parkinson, al otro lado del tablero, observaba distraídamente las piezas. El ajedrez era el juego profesional de los programadores de computadoras, pero, dadas las circunstancias, no sentía entusiasmo. Estaba molesto. Y Dowling tendría que haberse sentido peor, pues él programaba el alegato del fiscal.
El programador solía contagiarse de algunas características que se atribuían a las computadoras, como la carencia de emociones y la impermeabilidad a todo lo que no fuera lógico. Dowling lo reflejaba en su meticuloso corte de cabello y en la pulcra elegancia de su atuendo.
Parkinson, que prefería preparar la defensa de los casos legales en que participaba, también prefería descuidar deliberadamente aspectos de su apariencia.
—Quieres decir que el exilio es un castigo tradicional y que, por lo tanto, no es particularmente cruel —comentó.
—No, sin duda es cruel, pero también tradicionalmente, en la actualidad, se ha convertido en la disuasión perfecta.
Dowling movió el alfil sin levantar la vista. Parkinson sí la levantó, aunque involuntariamente.
No vio nada, desde luego. Estaban en el interior, en el cómodo mundo moderno adaptado a las necesidades humanas y protegido contra la intemperie. Fuera, la noche resplandecería con la luz del astro.
¿Cuándo la había visto por última vez? Hacía mucho tiempo. Se preguntó en qué fase se encontraría. ¿Llena? ¿Menguante? ¿Creciente? ¿Era una brillante uña de luz en el cielo?
Debía ser una vista adorable. Lo fue en otros tiempos. Pero hacía siglos de eso, antes que el viaje espacial fuera común y barato y antes que el entorno se volviera tan refinado y estuviese tan controlado. Ahora, esa bonita vista en el cielo era una nueva y horrenda Isla del Diablo pendiendo en el espacio.
Nadie se atrevía a llamarla por su nombre. Ni siquiera era un nombre, sólo una silenciosa mirada hacia el cielo.
—Podías haberme dejado programar el alegato contra el exilio en general —dijo Parkinson.
—¿Por qué? No habría alterado el resultado.
—Éste no, Dowling. Pero podría influir en casos futuros. Los castigos futuros se hubiesen conmutado por sentencia de muerte.
—¿Para un culpable de destruir el equipo? Estás soñando.
—Fue un acto de furia ciega. Hubo intento de dañar a un ser humano, de acuerdo, pero no se intentó dañar el equipo.
—Nada, eso no significa nada. La falta de intención no es excusa en estos casos, y lo sabes.
—Debería ser una excusa. Eso era precisamente lo que yo deseaba alegar.
Parkinson adelantó un peón para proteger el caballo.
Dowling reflexionó.
—Tratas de continuar atacando a la reina, Parkinson, y no te lo permitiré... Veamos... —Y mientras meditaba, dijo—: No estamos en los tiempos primitivos, Parkinson. Vivimos en un mundo superpoblado, sin margen para el error. Bastaría con que se fundiera un consistor para poner en peligro a una considerable franja de la población. Cuando la ira pone en peligro toda una línea energética, es algo serio.
—No cuestiono eso...
—Parecías cuestionarlo cuando elaborabas el programa de la defensa.
—No. Mira, cuando el haz de láser de Jenkins atravesó la distorsión de campo, yo mismo estuve expuesto a la muerte. Una demora mayor a un cuarto de hora habría significado el fin para mí también, y lo sé perfectamente. Sólo sostengo que el exilio no es el castigo apropiado.
Tamborileó sobre el tablero para mayor énfasis, y Dowling sujetó la reina antes que se cayera.
—Estoy sujetándola, no moviéndola —murmuró. Recorrió con la vista una pieza tras otra. Seguía dudando—. Te equivocas, Parkinson. Es el castigo apropiado porque no hay nada peor y se corresponde con el peor delito. Mira, todos dependemos por completo de una tecnología compleja y frágil. Una avería podría matarnos a todos y no importa si la avería es deliberada, accidental u obra de la incompetencia. Los seres humanos exigen la pena máxima para cualquier acto así, pues es el único modo de obtener seguridad. La simple muerte no es lo suficientemente disuasoria.
—Sí que lo es. Nadie quiere morir.
—Y nadie quiere vivir allá en el exilio. Por eso hemos tenido un solo caso en los últimos diez años y únicamente un exiliado. ¡Vaya, a ver cómo te las arreglas ahora!
Movió la torre de la reina una casilla a la derecha.
Se encendió una luz. Parkinson se puso de pie.
—La programación ha terminado. La computadora ya tendrá el veredicto.
Dowling levantó la vista con una expresión flemática.
—No tienes dudas sobre el veredicto, ¿eh? Deja el tablero como está. Seguiremos después.
Parkinson estaba seguro que no tendría ánimos para continuar la partida. Echó a andar por el corredor hacia el juzgado, con su paso ágil de costumbre.
En cuanto entraron Dowling y él, el juez se sentó y luego entró Jenkins, flanqueado por dos guardias.
Jenkins estaba demacrado, pero impasible. Desde que sufrió aquel ataque de furia y, por accidente, dejó todo un sector sumido en la oscuridad mientras atacaba a un compañero, debía conocer la inevitable consecuencia de su imperdonable delito. No hacerse ilusiones sirve de ayuda. Parkinson no estaba impasible. No se atrevía a mirar a Jenkins a la cara. No podría haberlo hecho sin preguntarse, dolorosamente, qué pensaría Jenkins en ese momento. ¿Acaso absorbía con cada uno de sus sentidos todas las perfecciones de aquel confort antes de ser arrojado para siempre al luminoso infierno que surcaba el cielo nocturno? ¿Saboreaba aquel aire limpio y agradable, las luces tenues, la temperatura estable, el agua pura, el entorno seguro diseñado para acunar a la humanidad en un dócil confort?
Mientras que allá arriba...
El juez pulsó un botón y la decisión de la computadora se convirtió en el sonido cálido y sobrio de una voz humana normalizada.
—La evaluación de toda la información pertinente, a la luz de la ley de la nación y de todos los precedentes relevantes, lleva a la conclusión que Anthony Jenkins es culpable del delito de destruir el equipo y queda sometido a la pena máxima.
Sólo había seis personas en el tribunal, pero toda la población lo escuchó por televisión.
El juez empleó la fraseología de costumbre:
—El acusado será trasladado al puerto espacial más cercano y, en el primer medio de transporte disponible, será expulsado de este mundo y vivirá exiliado mientras dure su vida natural.
Jenkins pareció encogerse, pero no dijo una palabra.
Parkinson se estremeció. ¿Cuántos lamentarían la enormidad de semejante castigo, fuera cual fuese el delito? ¿Cuánto tiempo pasaría para que los hombres tuvieran la humanidad de eliminar para siempre el castigo del exilio?
¿Alguien podría imaginar a Jenkins en el espacio sin sentir un escalofrío? ¿Podían pensar en un congénere arrojado para toda la vida en medio de la población extraña, hostil y perversa de un mundo insoportablemente caluroso de día y helado de noche, un mundo donde el cielo era de un azul penetrante y el suelo de un verde más penetrante e intenso aún, donde el aire polvoriento se arremolinaba tumultuoso y el viscoso mar se levantaba eternamente?
Y la gravedad; ese pesado, pesado, eterno ¡tirón!
¿Quién podía soportar el horror de condenar a alguien, cualquiera que fuese la razón, a abandonar el acogedor hogar de la Luna para ir a ese infierno que flotaba en el cielo: la Tierra?
miércoles, 11 de junio de 2008
La Última Pregunta - Isaac Asimov
Pensaba pegarlo acá, pero es medio largo para ponerlo. Pero por favor, si tienen algo de tiempo pásense por acá y léanlo.
Es un cuento que te vuela la mente, el giro que le da a la historia sólo en las 2 frases finales es un ejemplo de la genialidad de Asimov. No quiero hablar de más porque sé por experiencia que voy a terminar cagándoles el final (perdón Gastón, leelo igual). Si se quedan con ganas de más de este excelente escritor, después posteo algún cuento corto que entre.
Por las dudas les dejo el link de nuevo, no sean pajeros y léanlo!
LA ULTIMA PREGUNTA - ISAAC ASIMOV
jueves, 5 de junio de 2008
Reflexión de Ayn Rand
A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. No obstante, se nos ha enseñado a admirar al parásito que distribuye como regalos lo que no ha producido. Elogiamos un acto de caridad. Nos encogemos de hombros ante un acto de realización.
Se nos ha enseñado que la primera preocupación debe consistir en aliviar el sufrimiento de los demás. Pero el sufrimiento es una enfermedad. Si uno se la encuentra, intenta dar consuelo y asistencia. Hacer de eso el más alto testimonio de virtud es considerar al sufrimiento como lo más importante de la vida. Entonces el hombre debe desear ver sufrir a los demás para poder ser virtuoso. Tal es la naturaleza del altruismo. El creador no tiene interés en la enfermedad, sino en la vida. Sin embargo, la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.
Se nos ha enseñado que es una virtud estar de acuerdo con los otros. Mas el creador es alguien que disiente. Se nos ha enseñado que es una virtud nadar con la corriente. Pero el creador nada contra la corriente. Se nos ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador está solo.
Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego.
En esto la reversión de los valores básicos es más mortífera. Toda virtud ha sido pervertida y al hombre no se le ha dejado libertad alguna. Como polos del bien y del mal, se le ofrecieron dos concepciones: altruismo y egoísmo. El altruismo se define como el sacrificio del yo por los otros. El egoísmo, como el sacrificio de los otros por el yo..... Esto ató al hombre irrevocablemente a otros hombres y no le dejó más que una elección de dolor: su propio dolor en aras del bien de los demás, o el dolor de los demás en aras de su propio bien. Cuando se agregó la monstruosa idea de que el hombre debe encontrar felicidad en el sacrificio, la trampa quedó sellada. El hombre se vio forzado a aceptar el masoquismo como su ideal, con el sadismo como alternativa. Este es el fraude más terrible que se ha perpetrado en contra de la humanidad.
Este es el sacrificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se perpetuaron como los fundamentos de la vida.
No se trata de elegir entre el auto sacrificio y dominación, sino entre independencia y dependencia. El código del creador o el código del parásito. Esta es la cuestión básica, cuestión que descansa sobre la opción de la vida o la muerte. El código del creador está construido sobre las necesidades de la mente que razona y que permite al hombre sobrevivir. El código del parásito está construido sobre las necesidades de una mente incapaz de sobrevivir. Todo lo que procede del ego independiente es bueno. Todo lo que procede del parásito dependiente es malo.
El verdadero egoísta no es quien sacrifica a los demás. Es el que no tiene necesidad de usar a los demás de ninguna forma. No obra por medio de ellos. No está interesado en ellos en ningún aspecto fundamental. Ni en su objeto, ni es su móvil, ni en su pensamiento, ni en su deseo, ni en la fuente de su energía. El verdadero egoísta no vive para ninguna otra persona y no le pide a nadie que viva para él. Esta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos.
Los grados de capacidad varían, pero el principio básico es siempre el mismo: la medida de la independencia de alguien, su iniciativa y su amor por su trabajo determinan su talento y su valor. La independencia es la regla para evaluar la virtud y el valor humano. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia.
Ningún trabajo se hace colectivamente por la decisión de una mayoría. Todo trabajo creativo se realiza bajo la guía de un único pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no les pide que sometan a votación su diseño. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función respectiva. Un arquitecto emplea acero, cristal y cemento que otros han producido. Pero esos materiales siguen siendo sólo acero, cristal y cemento hasta que él los utiliza. Lo que él hace con ellos es su producto y su propiedad como individuo. Esta es la única forma de cooperación entre los hombres.
El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. Su obligación moral es hacer lo que él desee, siempre que su deseo no dependa primordialmente de los demás. Esto incluye las acciones del creador, el pensador y el verdadero trabajador. Pero no incluye las del gángster, el altruista y el dictador.
Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia. Corresponden a la jurisdicción del parásito.
Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen, enteramente, a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social o el bandido. La forma de dependencia carece de importancia.
Pero se nos ha enseñado a considerar a los parásitos, tiranos, emperadores y dictadores, como los exponentes del egoísmo. Mediante este fraude fuimos obligados a destruir al ego, a nosotros mismos y a los demás. El propósito del fraude fue destruir a los creadores, o someterlos, que es lo mismo.
Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el parásito. Cuando el antiguo creador inventó la rueda, el antiguo parásito respondió inventando el altruismo.
El creador, negado, combatido, perseguido, explotado, continuó, siguió adelante y guió a toda la humanidad con su energía. El parásito no contribuyó en nada, más allá de los obstáculos. La contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.
El bien común de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres. Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas. ¿Acaso alguna vez algún acto de generosidad altruista ha igualado a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo? ¿El defecto reside en la hipocresía humana, o en la naturaleza del principio
Los carniceros más temibles han sido los más sinceros. Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la guillotina y el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestionó su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito altruista. Se aceptó que el hombre debe ser sacrificado por otros hombres. Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que empieza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre.
Continúa y continuará mientras los hombres crean que una acción es buena si no es egoísta. Eso permite que el altruista actúe y obliga a su víctima a soportarlo. Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos pero miren los resultados.
El único bien que los hombres pueden darse recíprocamente y la única declaración de su correcta relación es: ¡Déjenme en paz!"
martes, 27 de mayo de 2008
Pink Floyd - Keep Talking
There's a silence surrounding me
I can't seem to think straight
I'll sit in the corner
No one can bother me
I think I should speak now (why won't you talk to me?)
But I can't seem to speak now (you never talk to me)
My words won't come out right (what are you thinking?)
I feel like I'm drowning (What are you feeling?)
I'm feeling weak now (why won't you talk to me?)
But I can't show my weakness (you never talk to me)
I sometimes wonder (what are you thinking?)
Where do we go from here (what are you feeling?)
It doesn't have to be like this
All we need to do is make sure we keep talking
sábado, 26 de abril de 2008
Imaginación
–Eso es lo que te hago creer yo –respondió Adriel–. Lo hago para que descubras a Dios por vos mismo, y de esa manera encuentres la felicidad.
–Siempre salís con la misma boludez.
–Eso te lo obligo a decir yo. Si soy Dios, entonces todo tiene que ser producto de mi imaginación, salvo yo. O sea, si yo intento borrar de mi imaginación algo, ese algo deja de existir.
–Bueno, a ver, demostralo –intervino Guido.
–Dios no tiene por qué obedecer a un simple mortal como vos. Igual, te voy a hacer una pequeña demostración.
Adriel cerró sus ojos y concentró todo su poder en olvidar de su imaginación las estrellas. No existen más… Sintió el poder saliendo de su mente y borrando las estrellas.
–Listo. No hay más estrellas. Conforme?
–Pero si es de día, como mierda voy a saber si hay estrellas o no. –contestó Gastón.
–Bue, que otra cosa querés que borre? Ya sé.
Esta vez se concentró en eliminar la escalera que conducía al salón de taller conocido como “Tirapelli’s House”. “Es sólo producto de mi imaginación… No está ahí”.
–Ves? No hay escalera para llegar al salón de arriba. Eso te prueba mi poder?
–Ehh Adriel, nunca hubo escalera! Siempre subimos por la escalera del fondo, acá nunca hubo. Ahora sos un Dios desmemoriado?
–Eso te hago pensar yo. Bueno, querés otra prueba?
–Ya está, cuantas oportunidades querés. Perdiste, no sos Dios. Aparte yo no creo en vos, soy budista.
En ese momento Adriel puso la mente en blanco. No podía imaginar ningún objeto o pensamiento…
Abrió los ojos, y se encontró con una negrura infinita. Vacío, y nada más. ¿Había borrado el universo inconscientemente?
Gastón miró con sorpresa el punto en donde se encontraba Adriel instantes atrás. No había nada. Se dio vuelta y le preguntó a Guido:
–Dónde se metió Adriel??
–¿Adriel? ¿Quién es ese?
Gastón, levemente desconcertado, respondió:
–Uh, no sé. Se me ocurrió recién que conocíamos a alguien que se llamaba así. Debió ser producto de mi imaginación.
Al cabo de un rato, él también había eliminado cualquier recuerdo de ese tal Adriel.
Imaginación, by Adriel® todos los derechos reservados.
